lunes, 3 de mayo de 2021

El hijo del presidente

 

Ana de 36 años de edad, editora de publicaciones independientes. Un día decidió participar de una ronda de negocios para digitalizar su sello porque ella intuía que era el presente y el futuro de las ediciones del sigo XXI. Y así fue como conoció a Julián otro editor de publicaciones digitales con mucha más experiencia en este rubro  que ella. Se conocieron en una cita de negocios que habían pactado anteriormente por mail, ninguno de ellos se conocía personalmente. Y así fue que se citaron y se conocieron. Ella se sentó a la izquierda de él. Al entrar al bar ella lo reconoció por mera intuición pero no se atrevió  a saludarlo. En eso recibe un mail de Julián que le pregunta si ella estaba a su izquierda a lo que ella contestó que sí. Julián se levantó y con el celular en la mano porque estaba hablando, enseguida cortó la comunicación que tenía y le preguntó ¿sos vos Ana?,

A lo que ella asintió que sí. Enseguida Ana le mostró los libros que había publicado en formato papel y los que tenía en formato digital también. Ella quería subirlos a la plataforma de él. Pero la conversación se tornó agradable y hablaron hasta incluso de políticas del gobierno como la necesidad de una reforma laboral además del mercado digital donde Julián le comentó lo que hacía y de su experiencia. Fue una hora y media de charla, habían conectado en todos los sentidos.

Luego de la reunión Julián la acompañó a la casa a Ana y le pidió un cigarrillo a lo que Ana accedió y se lo dio, y  al llegar a la casa de Ana, se despidieron, Julián lanzó un cuídate. Ana al subir las escaleras de su casa no dejaba de pensar en todo lo que hablaron. Entra a su casa y le dice a su madre quien vivía con ella. Todo un caballero, Quedó impactada por su forma de hablar, de ser, de saber y desde allí se llamaban asiduamente intercambiando opiniones del mercado digital. Pero algo la tenía intranquila a Ana desde hace varios días, pasaba algo con su celular y pc, no funcionaban bien y buscando en el navegador se dio cuenta que alguien estaba en su pc, pensó enseguida que era un hacker y buscó en las opciones de seguridad y notó que tenía un IP diferente al de ella y lo anotó e hizo la denuncia, para todo esto alguien la llamó por teléfono y de manera macabra se burlaban de ella y luego cortaron la comunicación.  Además de todo esto , ya era un hecho, decidió cerrar su editorial por problemas económicos y se lanzó a estudiar para maestra, En eso un día al salir del curso de ingreso del profesorado, llegó a su casa y le había llegado una notificación del juzgado y debía presentarse lo antes posible. Asi que al día siguiente fue  al juzgado y le anunciaron que sí, que le estaban entrando en su cuenta pero por falta de dinero para contratar a un abogado decidió cerrar la causa.

Hasta que un día Ana al salir a la calle y subir al colectivo notó que alguien cerca de sí hablaba de ella, como que la estaban persiguiendo. Así le pasaba en el subte y hasta incluso cuando salía a fumar un cigarrillo al balcón, escuchaba que hablaban de ella. Y ahí no terminó el asunto. Un día vinieron a cambiarle la televisión por cable ya que el servicio anterior no le gustaba mucho porque los vecinos se colgaban y ella no podía visualizar bien sus programas. Entró el empleado de la compañía de cable y dijo a su compañero : viene de muy abajo, ahora van a saber  lo que es una madre . Ana escuchó y no dijo nada pero le parecía extraño, porque ella venía de abajo, de muy abajo, de clase trabajadora, de padre chapista y su madre siempre limpió casas para pagar la olla diaria de su casa. En eso les baja a abrir a los empleados de la señal de cable y cuando sube escucha del televisor: ya llegamos a ver como es el clan. Enseguida pensó en lo que había escrito en el cuaderno de obsequio que le dieron en el cumpleaños de su sobrino, donde le escribía a Julián comentándole todos sus secretos.  Y uno de ellos era el clan psicopático de su familia donde ella era la emergente de ese sistema y era paciente psiquiátrica de esquizofrenia porque su madre así lo había pedido en el hospital donde Ana estuvo internada por intento de suicidio, que le hagan un certificado de discapacidad para cobrar una asignación porque no tenía dinero suficiente para los medicamentos y los viajes al hospital, a lo que la asistente social le preguntó a la madre de Ana si Ana estaba conforme con lo que estaba por hacer. Ella no se negó en ese momento porque sabía que no había plata, aunque esto le cause rechazo, lo aceptó. Y desde ahí empezó a escuchar voces que salían del televisor como por ejemplo: esa casa me la baja, ¿se me parará cuando sea el momento? y muchas otras cosas más. Ella enseguida se descompensó y fue al hospital psiquiátrico en donde la medicaron y la doctora como hablándole a otra persona dice: Es una fantasía y ella tiene esquizofrenia pueden dejarlo como una fantasía ,y luego Ana se dirigió a su casa. No paraba de llorar y en eso le envía un mensaje de voz al whatssap de Julián diciéndole que ya sabía como eran los hospitales, porque el era de clase alta. Ella pensaba que quien la estaba persiguiendo era Julián. Desde allí él la bloqueó de su teléfono.  Ana no paraba de llorar porque lo amaba . Y seguía escuchando estas voces que le decían: mi hijo te espera desde hace tres años. Esta era una voz de mujer. Y otra voz le decía es una villera. Las voces eran del padre del sujeto, la otra  del enamorado de Ana y la otra parecía ser de su madre.

 

Hasta que un día cansada de tantas voces . Le llega una voz del padre que le dice: ¿no ves que su padre era zurdo?. Y ahí se volvió a descompensar pero más fuerte y llamó a las emergencias de psiquiatría y les comentó de las voces que la escuchaban a lo que decidieron internarla.

La médica que la atendió en la guardia, la escuchó a Ana y decidió decir esto es un arresto. Pasó quince días internada hasta que su madre decidió traerla de nuevo a su casa haciéndose cargo de ella. Cuando volvió a su casa las voces seguían ahí y ella seguía enamorada de Julián y no paraba de ver su foto en facebook y ahí le llega una voz que dice lo siguiente; ¿ya te fichó?, y vos decías que  eras fulero. Pasaban  los días y Ana escuchaba y le hablaba a esas voces . Se fue dejando llevar por su enamorado y ella seguía pensando que era Julián. Y al final una voz le dice: Me llamo Juan. Julián y Juan eran la misma persona y era el hijo del presidente. La última voz que escuchó Ana desde su balcón fue: Tiene esquizofrenia.

Augusto “El venerable”: En el mundo de los ciegos.

   Mi nombre es Arnaldo Sabio —soy reportero— y un día, estando, en mi oficina.  Me enviaron a hacer una nota a un pueblo lejano. Donde me comentaron, que una anciana, la más longeva del lugar; tenía una historia interesante e inquietante para contar, y he aquí sucintamente,  lo que extraje:

 

—En un pueblo muy lejano a la ciudad y sus modales, vive un ser y existe (aunque no lo parezca). —Según todo el pueblo es la persona más horrible que jamás haya existido. Los aldeanos dicen que su figura presenta múltiples anomalías, que su rostro está todo resquebrajado, lleno de cicatrices, y según ellos, èsto se debe a las múltiples alergias que padece desde niño.

 

—Su mirada, dicen que es muy penetrante, tanto por la oscuridad que representa como por su iris negro, que llama al terror. Los aldeanos aseguran, que el olor que emana de su cuerpo, no se asemeja ni a la más putrefacta de las violetas. Aunque lo más horrible o temible en él (que logra dejar perplejo a todo ser humano) es su nariz, que no se puede describir de lo tan horrorosa que es

 

 Aunque ellos, trataron de describírmela:

 

 Dijeron que es de tamaño grande, y  sus orificios son los más grandes que antes hayan visto, que tiene forma pero no se asemeja a nada conocido. Dicen que todo, todo en su ser es anormal, y el pueblo así lo llama y le grita cuando pasa cercano a ellos (las mismas no son tantas porque nadie quiere sentirlo cerca). —

 

 Aquí hay que resaltar su nombre, uno de los más lindos para mi gusto: Augusto, mejor conocido como el “venerable”; realmente este hermoso nombre —dicen los aldeanos— que no lo acompaña.

 

Augusto vive en una cabaña solitariamente. Bebe y come de lo que él mismo se proporciona porque ningún almacén, ni tienda, dejan que ingrese. Les comento intrépidamente aquí, que ni siquiera sienten lástima por él.

 

 Pasa los días corriendo a los animales del campo para matarlos y luego comerlos la mayoría de las veces crudos y otras cuantas más; si encuentra suficiente leña, los asa y en el rio sucio cercano a su cabaña, logra saciar su sed. Deberá ser, por esto, que por  beber del mismo… comentan los aldeanos que su aliento es tan desagradable que sería parecido a oler azufre quemado.

 

Augusto vive y nadie puede evitarlo, así lo quiso el destino, la naturaleza o Dios; aunque nadie lo acepte, él es real, no es ninguna fantasía, ni ningún sueño.

 

 El pueblo intentó matarlo muchas veces, para así, dejar de sufrir. Porque tanto ellos como él, no podían soportar la situación. Le han hecho beber cicuta,  tirado lanzas, y ¡hasta le han hecho trampas como a ratones, para que caiga en un pozo, y cayó!. Lo han intentado electrocutar con un cable de luz que se encontraba a tres kilómetros de su hogar, cuando salía del río luego, de haberse bañado. Lo apedrearon, gritándole: “demonio”, pero él resistió a todo esto, y mucho más. Aunque parezca débil por su estructura, es una de las personas más fuertes en toda la aldea.

 

Augusto nunca estudió, no sabe leer ni escribir y se comunica básicamente. El utiliza de manera extraordinaria su visión para comunicarse con los otros, y su mirada aunque de terror, es una de las más tristes que se pueden llegar a encontrar en ningún lugar. Todo en él es una fealdad novedosa, nunca antes vista.

 

Por lo cual aquí, no hay ningún tipo de exageración, sólo realidades.

 

Hemos visto lo que la aldea piensa de él, y cómo, lo ven. Pero ahora vamos a hablar de quién es él, de su vida real, de su propia vida.

 

Augusto nació en una familia de clase media alta,  y al nacer, vaya paradoja… Era el bebé más lindo, de todos, los que había tenido su familia.  Todos lo amaban, lo fotografiaban, querían tenerlo en brazos, y envidiaban todas las madres a su madre. Al crecer, más o menos a la edad de, los cinco años. Comenzó a desfigurarse, a cambiar de rostro, de estructura, y fue en ese momento de la vida en el que sus padres, se asustaron tanto de su transformación… que lo llevaron al campo. Pensando ignorantemente que los iba a matar a ellos algún día, y fue tanto su terror, que lo abandonaron allí, y escaparon.

 

Pero un anciano lo rescató de entre las malezas, y lo llevó a su cabaña donde lo crió hasta sus diez años porque luego, el anciano murió al anciano también le daba miedo, Augusto pero no tanto, y esto se debe a su vejez, misericordia y sabiduría.

 

Desde allí Augusto, se mantuvo como pudo… algunas monjas le tiraban comida por las rejas de su cabaña,  hasta que dejaron de hacerlo porque en la Iglesia se comentaba que era una especie de demonio. Para ese entonces, cuando las monjas dejaron de auxiliarlo, gracias a Dios, Augusto; ya tenía quince años y comenzó por sus propios medios a buscar su alimento.

 

Augusto a sus quince años, aún no sabía, el porqué la gente le tenía tanto miedo, y esto se debía a que nunca se había mirado al espejo; sufría de pesadillas, de alergias continuas y de incomunicación excesiva. Ningún adolescente se acercaba a él, y esto lo ponía muy triste hasta el punto, de la depresión y no hablemos de las adolescentes porque ni siquiera lo registraban—.

 

Augusto pensaba… y esta era… su mejor característica. El creía, aún, en los milagros. Tal es así, que como las monjas le habían enseñado a rezar el rosario; él pedía todas las noches que se realizara uno en él, quería dejar de sufrir, quería morir, dejar esta vida tan tormentosa, tan miserable…

 

Pero nada ocurría… su Dios no lo escuchaba, y para ese entonces, sus queridos vecinos ya le habían dejado veneno que él confundió con agua. no había muerto, para desgracia de él, y de ellos, el destino quería a Augusto.

 

Algunas veces pensaba… en que sería de su familia… a la cuál no recordaba, pero de seguro la había tenido, ya que sino: ¿cómo estaría vivo?. Augusto, muy a menudo, se preguntaba si en realidad no era un demonio, como tantos aldeanos así opinaban. También recordaba al anciano ya fallecido, José; quién había sido el único que lo había aceptado tal como era.

 

 Así pasó su adolescencia, llorando, sufriendo apedreadas, deseando morir, meditando e imaginado cómo sería su rostro, ya que sólo lo conocía, por el tacto; y este, le aseguraba, su extrema deformidad. Aunque a veces necesitaba verlo, lo quería y deseaba, con todas sus fuerzas.

 

Pasaron los días, meses, años y para éstas alturas; Augusto aproximadamente, tenía veinticuatro años ya que no se sabe con exactitud el día de su nacimiento y seguía cazando animales, bebiendo del río y sufriendo a escondidas.

 

Hasta que una noche de lluvia, salió a caminar bajo la misma, le encantaba esto… y caminó por los campos, hasta que avizoró un espejo. Él siguió caminando, y sucedió el milagro: se observó... ¡era el rostro más hermoso que antes haya visto!, ¡ahora si que no entendía nada!; o el espejo estaba en mal estado porque el campo lo había desgastado, o era la realidad… Pero…si era real… ¿por qué nadie podía observarlo?, ¿por qué todos lo veían feo? ; y el gran misterio:  ¿por qué el mismo se notaba así?.

 

Luego de haberme contado esta historia, la anciana más longeva del pueblo, llamada Gracia. Me dijo lo siguiente:

 

Señor, es que cuando uno deja de ser bebé; comienza a  realizarse la mutación. Nos convertimos en seres horripilantes, maltratados por distintas ideologías, saberes, acciones, fantasías de dinero, amor, poder; o sea controles. Así nos enceguecemos, y sólo vemos a partir de estos controles, y no con la esencia, con la que nacimos.

 

Augusto siempre fue hermoso porque esa, era su esencia, y lo sigue siendo. Por lo menos, él, pudo ver a sus veinticuatro años que su pureza sigue intacta. Sólo, que largo tiempo le llevó encontrar, ese espejo interno suyo y único, que le dio la conexión que necesitaba. Toda la aldea va a seguir pensando lo mismo, pero… pobre de ellos…

 

Augusto, hoy los observa y son ellos, los horribles. Él no puede hacer nada; tal vez ellos, algún día, logren encontrar su espejo y verse realmente.

 

Hoy Augusto, sigue viviendo; tiene ochenta y uno años. Vive aquí, en la misma aldea, y logró a pesar de su analfabetismo y poca comunicación, encontrarse consigo mismo y lograr entender su destino: que es ser reflejo de la propia humanidad. ¡Lástima que la misma no se da cuenta!.

 

… Usted señor… ¿encontró su espejo?. Le digo que a mis ciento diez años, aún lo sigo buscando. ¡Es que me perdí tanto en las distracciones de este mundo material! que hoy, es lo único, que busco.

 

 Le contesté: Recién ahora me entero de que existe ese espejo, yo sólo vivía de mis notas, de mi familia. Pero creo, que ahora para mí también, será el motivo de mi existencia: buscarlo y encontrarlo. …Tan difícil no será…, Augusto lo logró.

 

Dijo Gracia: Si, él lo logró, porque fue capaz de destruir la creencia de su fealdad que le habían impuesto. Pero: ¿usted es capaz de destruir la creencia de este relato y de los relatos en sí como reportero?. Porque sólo así logrará usted encontrar su espejo.

 

Entonces, le pregunté : ¿Por qué usted aún, con su edad y siendo la anciana más longeva de la aldea, no lo ha encontrado?. Eh… eh… porque aún sigo buscándolo, en el  mismo sitio, donde lo encontró Augusto. Adiós.

 

Así fue que Gracia, entró en su casa y se encerró, y yo con mi anotador y grabador como buen reportero, me dirigí hacia mi auto y me fui directo a mi hogar. — Aun sigo contemplando estas preguntas: ¿seré capaz?... y… ¿dónde lo buscaré?...

El cadáver de Violeta

Luces, se abre el telón y sale; con todo el glamour y el traje más alusivo a la fecha pero con los pies descalzos. Luego de aquél accidente que tuvieron sus zapatos aquella noche aciaga en la que un niño arrebató por la fuerza, sus refinados y lustrosos zapatos. Motivo por el cuál, tuvo que presentarse a su obra, en aquellas descalzas circunstancias. Comienza la función. Mostrando sus habilidades, desfila el primer monólogo tan impactante, como persuasivo. El público extasiado, muestra con múltiples risas, el agrado hacia la obra. Él, se jacta por dentro mientras, que por fuera logra imponer la mejor sonrisa modesta, y así condescender con humildad, dicho elogio.

Se cierra el telón, y empieza a sentir enfado, impotencia. Comienza a llorar como un niño por sus zapatos, ya que éstos, lo acompañaban desde el principio de su carrera.

 

—Piensa que sólo por hoy ha terminado la función y continúa descalzo—.

 

De regreso a su hogar no hace más que releer el guión de mañana. No piensa en más que ser mejor de lo que hoy fue, y en su mente se cruza, el triste pensar de sus entrañables zapatos.

 

—Suena el teléfono, no contesta, no le interesa. Era su ex mujer, a quién había engañado, siete veces siete .

 

Los gritos de su ex mujer no lo movilizan no logran aturdirlo, ni hacerle confundir la frase que en ese momento, estaba recitando. Cuando su ex mujer termina con las imprecaciones hacia su persona. Él no hace más que desconectar el teléfono y se va de su hogar. Huye al bar más cercano a tomar una copas y también a resucitar su cuerpo con alguna muchacha del lugar. Logra hacer todo lo que tenía en mente y de repente algo inesperado sucede camino a su hogar.

 

—Pasa a su lado, sobre la avenida… Violeta, ¡la mujer más hermosa!, quien un día se negó a su amor. Nunca nadie le había hecho tanto mal, nunca nadie lo había lastimado de esa manera. —Ahí pasaba…Violeta… con la mejor figura, con el mejor diseño de piernas que sólo un ser superior pudo esbozar—.

 

Quedó atónito, inmóvil, con los ojos abiertos sin poder cerrarlos, y de vez en cuando se estrujaba los mismos para saber si se trataba de un sueño o era la magna realidad.

 

— ¡Pero sí!, ¡era Violeta!—.

 

Cuando reaccionó, ella,  ya había desaparecido entre la multitud de la avenida. Él quedó con miles de palabras por decirle… pero callado, y descalzo.

 

Cuando llega a su hogar, busca su caja de recuerdos en donde él atesoraba, aquellas cartas que enamorado le había escrito a “Violeta”. Releyendo las mismas, no podía contener las lágrimas que le caían por su rostro desesperadamente, ni los pinchazos fuertes que sentía en su pecho por el terrible recuerdo de ese amor que nunca fue, y que por dentro, él sigue sintiendo crecer desde aquél momento en que la vio pasar nuevamente por aquella avenida. Tal es así, que comenzó a buscar entre sus papeles viejos: un número de teléfono, alguna dirección, algo que lo pudiera acercar nuevamente a ella.

 

—Pensaba, que tal vez los años le habían resultado satisfactorios para él y tenga una nueva oportunidad, sólo esperaba una oportunidad—.

 

Entonces, encontró una de esas cartas de antaño terriblemente despedazada, y en la misma no se podían descifrar, ni los números, ni las letras. Hizo un esfuerzo y pudo leer: “mi alma”.  Enseguida supo que se trataba de Violeta.  Él siempre la llamaba de esa manera —.

 

Mientras seguía descalzo, se preparó un café para relajarse antes de llamarla y también puso aquella música que hace tanto tiempo tenía guardada, esos blues... tan entrañables... Entonces, tomó coraje y llamó. Esperó unos segundos más, a que sonara el teléfono,  y éste sonaba y sonaba.... hasta que alguien contesta:

 

—Hola, ¿Quién habla?—.

—Hola, Buenas Tardes. ¿Se encontraría Violeta?—.

—Si, soy ella, ¿quién habla?—.

— Eh...soy...soy...— y corta—.

 

En ese instante, se da cuenta que no puede pronunciar su nombre, y se exalta. Empieza a tomarse de la garganta, y no... no puede... ¡No puede pronunciar su nombre!, ¡no lo podía creer!... Fue hasta la cocina a tomar un poco de agua pero no había caso... no lograba hacerlo.

 

—Comenzó a pensar que tal vez sería una maldición. Justo ahora, que encontraba al amor de su vida, no podía expresarse... Pensó que tal vez alguien le había hecho un daño o un maleficio. Llamaría a su madre quien sabía de esos temas y lo ayudaría:

 

 — ¿Pero como lo haría si tampoco podía decirle quien le hablaba?. — Continuó pensando: —Es mi madre. Va a reconocer mi voz—. Entonces la llamó, y por esas contrarias casualidades de la vida, lo atiende la sirvienta nueva que había contratado su madre. He aquí  un nuevo problema... y cortó sin más.

 

—Se marchó, como siempre a escuchar, un poco de blues —.

 

Luego de relajarse, intenta nuevamente decir su nombre... y fracasa. Empezó a gritar, a pegar piñas a la pared,  retorcer almohadones, y nada... ¡No podía!.

 

—Hasta que recuerda su situación, aún, sigue descalzo. Obviamente,  no le pidió a ninguno de sus compañeros actores que le prestaran  un par de zapatos. Porque si había algo que había heredado de sus ancestros, era su importante dosis, de alta estima. Ésto, era  inherente en él,  y por eso no le importó en absoluto que la gente en la calle lo observara azoradamente. Él, era actor. Nada había que lo pudiera afectar—.

 

Pasaron tres días, en los cuáles perdió el tiempo (tratando por sus propios medios) lograr decir su nombre, y cada vez, era peor. Lo más insólito era que en su casa ya no había zapatos, por lo cuál,  salió descalzo. No podía ir a visitar a ningún médico. “Médico” (palabra prohibida, para él). Nunca  había visitado ni siquiera, a uno, en sus treinta años y no lo haría —. No aguantaba más la situación, no había ido a la obra, no atendía el teléfono, no comía. Fumaba sin parar, casi treinta cigarros por día, y sobre todo no entendía nada de esta inexplicable, situación. No tenía con que calzarse, no podía pronunciar su nombre, y justo ahora, que había reencontrado a su antiguo amor. Ésto, para su pensar tan dialéctico, era inentendible—.

Entonces, por primera vez en su vida, luego de una semana y media.

—José Félix Descalzo, bajó la cabeza, aceptó su humanidad limitada, y como el apellido lo indica... descalzo, salió en búsqueda de un médico. —

 

— ¡Que risa!, ¡si sus amigos y madre lo vieran! ¡Pero si, señoras y señores!. Hasta el ser más duro en el Planeta Tierra, cuando no tiene sus zapatos y no puede pronunciar su nombre. Acepta su debilidad ante esas casualidades, causalidades o milagros que aparecen en un momento determinado, y busca una salida—.

 

Y así fue...caminando descalzo al consultorio de un médico de la clínica donde él era socio. Pero que... obviamente... nunca, había visitado.

 

Llegó, y se le presentó a la secretaria, con estas palabras:

 

—“Soy un hombre que necesita ayuda”—.  La secretaria confundida, y con un toque de risa pícara en su rostro, le contestó: —Bueno Señor, tome asiento. Enseguida, le informo al doctor de su presencia—. — El doctor,  apenas lo vio, le preguntó que le sucedía. —

 

Él le explicó que no podía pronunciar su nombre y que no tenía zapatos. Luego de una hora de conversación y al no notar ninguna anomalía física,  le dijo:

 

—Me parece... Si usted me disculpa...que tendría que ir a un psicólogo—. — ¡Psicólogo dijo!, ¡que atrevido!. ¡¿Cómo se le ocurre que tengo que ir a un psicólogo justo yo!?. —Y... y.... ¡no lo podía hacer!... devuelta lo mismo.  ¡¡¡¡¡¡Su nombre no lo podía decir!!!!!—.

 

Empezó a gritar, y fue el mismo doctor quien llamó, a una psicóloga del lugar para que lo viera.

 

Luego de media hora, aparece la psicóloga. Lo lleva a su consultorio y le empieza a hacer un par de preguntas: con quien vivía, si había tenido ideas raras, qué le pasaba, etc... Luego de una hora de conversación. La psicóloga fue en búsqueda de un psiquiatra. Porque para ella, éste pobre hombre necesitaba ser medicado de inmediato.

 

—A todo esto, el pobre José. No hacía más, que agarrarse la cabeza y hablar en voz bajita. Tratando de entender su estado—.

 

En eso, aparece el psiquiatra y lo observa vivazmente. Luego de hora y media analizándolo. Le receta unas pastillas. 

 

—Porque digamos aquí... que él, estaba completamente, calzado. Salvo... que no lo notaba—. Por lo cuál el médico, creía que se trataba, de una pequeña paranoia. —

 

José, al tomar en sus manos la medicación, sintió como un golpe en el centro de su corazón. No podía creer que ésto... justo ésto… le estaba pasando a él....

 

 — ¿Cómo podría volver a ver a sus zapatos? ¿Cómo podría decir su nombre?. Acaso... ¿pastillas lo ayudarían?—. No, no… esto era terrible para él. Ahora, no iba a poder actuar más ni reencontrarse con ese... amor suyo... Ésto último, era lo que más lamentaba.... Así que, puso en su bolso la medicación y se marchó—.

 

Tomó la medicación durante un mes, en el transcurso del cuál, no salió de su hogar. No atendía llamados. Sólo salía de su hogar, para comprar alimento y cigarrillos. Fue así, como un once de octubre. Después, de haber tenido un sueño con un galpón que estaba cerca de su casa. Sintió interiormente que debía ir allí, y así, lo hizo.

 

—Al principio, tuvo mucho miedo porque el sitio era muy tenebroso. Entretanto, avizora que hay un vagabundo durmiendo. Éste, se levanta al sentir la presencia de un extraño y le pregunta:

 

 — ¿Quién eres?—.  A lo cuál José, responde: — No lo sé—.

— ¿Y por qué estás descalzo? —. Le pregunta el anciano.

 

José no podía entender, como un vagabundo podía ver, lo que ningún psicólogo ni psiquiatra notaba.  

 

—Entonces, José, le comenta:No lo sé. Hace medio año que estoy en esta situación, y no la comprendo.

 

—A lo cuál  responde, el anciano vagabundo: — ¡Ay, querido!, es muy fácil. ¿No lo notas, no puedes verlo? Estás descalzo porque no sabes quien eres —.

 

 — ¿Por qué me sucedió ésto, justo, cuando me reencontré con la mujer que había sido el amor de mi vida?—.

 

— ¡Ay, querido!. ¿No te das cuenta que cuando uno comienza a sentir dentro, de sí, eso inexplicable que se llama “amor”?. ¿Uno no sabe realmente quién es?. Mejor dicho: uno se da cuenta que no es nada sin amor, y por lo tanto, debe empezar a conocerse—.

 

—No... pensaba, que ya me conocía.... Tengo treinta años, y es tiempo suficiente de vida, cómo para conocerme con exactitud—.

 

—Error amigo. Uno nunca, llega a conocerse con exactitud. Sólo, si deja de pensar que no existe, tal exactitud... Ahí recién...uno, comienza a conocerse;  y el amor amigo...desnuda o mata a cualquiera.... ¡suerte que a vos, sólo, te dejó descalzo!. He conocido personas, a las cuáles,  ha desnudado y hasta matado. Eso sí,  que es más difícil e irrecuperable... Por eso, te recomiendo... comenzá a conocerte. Adéntrate, en lo más profundo de tu interior y cuando sientas ese alivio, de aceptarte  tal como sos, y de corregir ciertos errores del  pasado. Te aseguro que vas a poder pronunciar tu nombre. Vas a volver a estar calzado, y además, vas a volver a sentir amor. Porque si no te conoces, jamás, vas a poder distinguir: qué es amor,  y qué,  no lo es...

 

—Pero, entonces... ¿Quién fuel el niño que arrebató mis zapatos?—.

 

¡Ay... ay... ay!.... ¡Sos difícil, eh!... Fuiste vos mismo —. Bueno muchacho, regresá a tu hogar, y pensá en todo esto que conversamos. ¿Sí?, porque tengo que seguir descansando hasta que venga alguien más, como vos... ¿Y... sabés una cosa?, hace... menos… de quince minutos… había venido a verme una mujer pero con síntomas peores que los tuyos. —

 

— ¿Y cómo se llamaba? —.  —Eso lo sé yo, pero ella no lo sabía. — ¡Por  favor dígame quién era!.—No querido, eso no lo puedo hacer, yo solamente guío. El resto lo debe hacer cada uno, y ahora te dejo porque tengo mucho sueño, adiós. —

 

José regresó a su casa pensando, que tal vez era Violeta quien había ido,  pero como le recomendó el vagabundo, comenzó a adentrarse en sí mismo. Comenzó a recordar su pasado, la muerte de su padre, la ausencia de su madre, los fracasos, las heridas más profundas que lo habían convertido en un desalmado. Lloró y lloró un día entero y comenzó a perdonar y perdonarse por tantas cosas mal hechas y algunas mal comprendidas y se durmió.

 

Al otro día se levantó con mucha paz y sucedió el milagro... — ¡Ya podía pronunciar su nombre!. ¡Si!, ¡José! —Entonces fue donde guardaba sus zapatos, y ¡si!, ¡allí estaban! — ¡Era demasiado para el, era una persona nueva!, ¡había vuelto a nacer! —.

 

 Lo primero que hizo fue llamar a Violeta:

 

—Hola ¿se encontraría Violeta? —

— Si ¿quién le habla? —

— José. ——

—A ver,  un minuto, por favor. —Disculpe señor, no lo puede atender Violeta, últimamente está muy agotada, no está en condiciones de hablar. —

—Pero necesito decirle algo. Sé adonde puede recurrir. —

—Señor, todo lo que le pueda decir está demás, ya probamos con todo tipo de terapias y ella sigue igual. Así que por favor, deje de molestar, adiós. —

 

José fue corriendo hacia el galpón y le dijo al vagabundo:

— ¿Por qué aún ella no soñó con este sitio? ¡Ella tiene que curarse! —

 

El vagabundo le responde:

 —Ella ya no cree en el amor, lo mató en su corazón. No puedo ingresar en sus sueños porque ya no sueña. Ella está desnuda y no quiere volver a vestirse; sólo si empezara con un primer paso, el cuál sería, volver a creer...podría hacer algo, pero hasta ese momento, seguirá así, y aún peor. —

 

José enojado se marchó.

 

Pasaron los meses, y José ahora: José Felix Calzado,  ya que logró revertir su destino. Siguió actuando en sus obras pero ahora creyendo en el amor. Su vida cambió completamente pero lamentaba mucho la situación de Violeta... Con el tiempo comenzó a observar a una de las actrices que siempre lo ayudaba a maquillarse y quien lo hacía reír mucho. Empezó a sentir algo muy fuerte en el pecho y se dio cuenta que se trataba de amor, y así fue, como la citó a tomar  un café.

 

Ella se llamaba Morena y de allí en más fueron inseparables amigos y como consecuencia de esta linda amistad se afianzó un vínculo más fuerte. —Pero él siempre pensaba, en que, sería de la vida de Violeta. —Su alma presentía, que en algún momento, ella iba a poder entender que con endurecer tanto su corazón, sólo iba a lograr terminar con volverse invisible, y por consiguiente en dejar de existir. —

 

 José se conoció, se perdonó y ama a una mujer con todas sus fuerzas. No toma más medicación ni concurre más a los médicos.

 

—Pregunta el vagabundo: ¿Quién se atreve a creer en que el amor es la fuerza que todo moviliza?, ¿quién se atreve a conocerse a uno mismo? —Les digo hombres y mujeres: “Quien no se conoce puede terminar como Violeta, quien hoy por hoy se convirtió en un cadáver invisible, sólo por no aceptar que debe conocerse así misma, para así, amarse y lograr amar. —Los exhorto: ¡Conózcanse y amen! —

 

Amen, para no convertirse, en El Cadáver de Violeta.

 

 

 

 

 

Tu presencia

Todos los días, espero que sean las cinco de la tarde, para, así, escuchar tu voz.   Llevás más de cien días de encierro, fue tu c...