La reina del espanto,
se ha vestido de fiesta,
con sus manos arrugadas,
sus colmillos afilados,
y su compañera locura que la ve de cerca.
Tan de cerca que no parpadea,
no hay interferencias,
sólo una masoquista defensa,
de quien pueda entenderla.
Nunca fue honesta,
jamás hija predilecta,
ni dama de honor en ninguna iglesia.
Sólo la asesina coqueta,
que entre letras se oculta,
como la niebla, como el vapor,
como la serpiente venenosa,
que nunca la deja.
¡Oigánme he dicho!,
si no quieren padecer,
de esta altanera,
que por querer ser perfecta,
el espanto la acecha,
y se convierte en esta maléfica Reina.